Características Básicas de la Edad Media Plena.

Después de las Segundas Invasiones Bárbaras (Sarracenos, normandos y magiares), Europa comienza un periodo de relativa estabilidad socio-política. Durante la decadencia del Imperio Romano, las ciudades se habían ido despoblando dado que la inseguridad creciente hacía difícil asegurar el aprovisionamiento de estas poblaciones al margen del mundo rural y el desmoronamiento de los poderes centralizados había aumentado la relevancia de los poderes locales, dando lugar a un abandono de las ciudades indefendibles conllevando a una ruralización y al crecimiento de un sistema social basado en el control de los medios de producción y redistribución por un estamento social de guerreros.

Esta situación, se alargó durante toda la Alta Edad Media, con los continuos movimientos de los pueblos germánicos y, después, con la llegada de nuevas hordas de conquistadores en la forma de los normandos por el norte y occidente de Europa, de los sarracenos por el sur y de los magiares por el este. 

La bonanza climatológica así como el aumento de población de Europa occidental conllevó un auge en las necesidades territoriales. La roturación, el medio más cercano, también solía antojarse lento. Ganar tierras a los bosques, a colinas, pantanos o costas bajas, solía ser una dedicación de generaciones, de modo que el exceso de población se dirigió al exterior, dando lugar a los fenómenos expansivos del Ostsiedlung, la Reconquista y las Cruzadas. Estos fenómenos, frecuentemente convulsos y violentos, ganaban tierras a costa de otros pueblos, especialmente, eslavos, bálticos e islámicos.

Por supuesto, el exceso de población en un mundo esencialmente ruralizado, también llevó parte hacia las ciudades, no sólo por un aumento de necesidad de mano de obra urbana, sino por una relativa mejora de las condiciones de vida en estos lugares.

 

La Ciudad. Poder y derechos.

Las ciudades europeas se plantan ante el mundo feudal como una respuesta de los poderes de los príncipes (salvo en los núcleos que siempre fueron muy urbanos, como el norte de Italia) frente a la microdivisión de la autoridad en los territorios. Hay una dialéctica constante entre dos conceptos de estado, aunque estos estados aún no poseen el carácter “nacional” sino que son herederos del concepto tribal germánico. Estos dos conceptos son, por un lado, el de los señores feudales, que se consideran herederos de la tradición germánica de la Asamblea de Guerreros, donde el líder es un primum inter pares. Por el otro lado, se haya el príncipe, ya sea un rey o un gran señor que reclama para sí el la herencia del Princeps romano. El príncipe sería pues, el heredero del poder soberano del Imperio. Se basa en esencia en las reformas jurídicas tanto de Constantino como, especialmente, de Justiniano, donde el Emperador adquiría la figura de protector y heredero del poder mundano bajo el Reino de los Cielos. Este concepto, por supuesto, también chocará en muchos casos con la reclamación de parte de este poder por los príncipes de la Iglesia. Los casos más evidentes serán (para el enfrentamiento entre nobles y rey) la situación de las Guerras de Barones que darían lugar a la creación de la Carta Magna, en Inglaterra, donde el rey, Juan, otorga grandes derechos a los barones. Del caso segundo, el caso más claro podría ser el de Federico II Hohestaufen contra el Papado, especialmente en Italia, donde el Imperio había ganado territorios a costa de los feudos pontificios y que dio lugar a los famosos enfrentamientos de dos bandos, de güelfos y gibelinos, entre defensores y retractores del poder supremo del Emperador.

En este panorama, las ciudades se convierten en una baza especialmente importante para los príncipes, no sólo porque conlleva una fácil fuente de financiación, sino que se convierten en lugares de afianzamiento del poder real en deterioro del feudal y un respaldo jurídico, desde escuelas y catedrales. 

Las ciudades pues, suelen poseer una asamblea local, donde las personas poderosas de la ciudad, bajo autoridad del rey, gobierna y aplican las leyes reales, garantizando así, las recaudaciones fiscales y que, a su vez, son receptoras de derechos, fueros, que garantizan privilegios a sus habitantes. Esto implica que, los príncipes, están buscando una forma de financiación independiente del propio sistema feudal, garantizando así, un aporte fiduciario para lo cual, impulsan tanto el comercio, como las ferias y crean las semillas de los gremios.

En las ciudades, los artesanos y manufactureros, comienzan de manera temprana a reunirse de manera solidaria en Cofradías, en torno a un santo patrón. Son concientes de que la competencia mutua puede serles perjudicial, de modo que la asociación de los maestros artesanos conlleva una estabilidad en precios y una unanimidad a la hora de los pagos de impuestos, tasas y diezmos. Estas cofradías, de carácter claramente religioso en un comienzo, van avanzando en sus aspectos económicos hasta dar lugar a los gremios.

 

ntes se dividen en maestros artesanos, oficiales y peones. Si bien es difícil y no existen garantías de ascenso entre estas categorías, sí es algo factible y posible. A diferencia de los derechos de sangre, el trabajo y la capacidad de iniciativa, podría dar lugar al ascenso de un individuo en su escala social. Pero estos gremios, impiden la competencia, así como el desarrollo de mercados especialmente porque no debemos olvidar que estas ciudades son pequeñas excepciones en un inmenso marco feudal, con limitados y pobres avances tecnológicos y unas estructuras que adolecen inmovilidad de los individuos, tanto en un sentido social, como en un sentido físico.

Las ciudades, pues, serán las principales constituyentes del Tercer estado, que será especialmente interesante a los reyes a la hora de las formaciones de las asambleas “nacionales”, proto-parlamentos o Cortes. Estas Cortes constarán de la representación de los tres poderes, la Iglesia, la nobleza y las ciudades. Y si bien serán el principal aporte económico a los crecientes gobiernos centrales, también serán las que irán recabando los fueros, que serán unas series estatutos jurídicos que se materializan en privilegios, leyes y derechos para sus habitantes.

El mundo rural.

Más allá de las murallas de las ciudades, las condiciones de vida y los derechos suele mantenerse al margen de este desarrollo, aunque claramente influenciado. En muchos territorios, el feudalismo suele suavizarse y muchos de los antiguos privilegios, como los derechos de pernada, van quedando obsoletos y abandonándose. Las repoblaciones no sólo serán una necesidad de los reyes en las nuevas tierras, sino que las defensas y la explotación de los recursos de estas zonas, en muchos casos, serán propios de la nobleza terrateniente. 

El siervo está adscrito a la tierra, esto es, al territorio en el que está. Es poco más que una posesión del señor feudal. Se espera que entregue su trabajo a su señor por su vasallaje. Y de esta manera, se construye un sistema piramidal en cuya base están los siervos, seguidos por los señores feudales y eclesiásticos, en sus diversas categorias (con sus respectivos lazos de vasallaje) y, en la cúspide, está el rey.

 

rcano a la esclavitud, se limitan a cultivar lo justo para pagar los impuestos a sus amos, los diezmos de la Iglesia y, con suerte, lo justo para alimentarse. La gran mayoría produce cultivos de cereal y es el excedente proveniente de los impuestos señoriales y los diezmos lo que se acaba comercializando en los mercados urbanos y ferias.

A partir del Siglo XI se produce el fenómeno de los arrendamientos, donde las tierras pasan en usufructo a campesinos a cambio de una renta en moneda o bien, a cambio de una corvea o trabajo no remunerado en las tierras del señor feudal. Esto sucede en especial por el aumento comercial de las ciudades. Hasta entonces, el máximo de las transacciones comerciales habían sido a pequeña escala y en especie, es decir, el trueque. Pero con la aparición y crecimiento de los mercados, el consumo señorial precisa de un aumento de la moneda en circulación, lo cual impulsa a los pequeños propietarios a una diversificación y competencia en el mercado, también a cambio de un beneficio de capital monetario. Así, y poco a poco, la moneda vuelve a recuperar su peso como centro de los intercambios económicos.



Pensamiento económico.

Hay una serie de características especialmente destacables dentro de la ética económica medieval, especialmente provenientes del pensamiento religioso cristiano.

El primero sería la Doctrina del Precio Justo. Se basa en los conceptos cristianos contra la usura y la especulación, lo que conlleva una dificultad para la generación de capital y del enriquecimiento. El supuesto “precio honrado” conlleva una limitada ganancia sobre la producción.

Después estaría la Dignidad del Trabajo. Conforme al concepto religioso, el trabajo, dignifica, librando de manera cotidiana, al individuo del Pecado Original. Este concepto es especialmente claro en la división de los estamentos, donde cada uno de ellos tiene una función, y que la pertenencia del un individuo a determinado estamento, era voluntad de Dios. Están los que trabajan (laboratores), los que guerrean (bellatores) y los que rezan (Oratores). E incluso entre los que rezan, dentro de la Regla de San Benito, se espera de ellos esa misma dignificación del trabajo (ora et labora).En contra de lo que puede pensarse del pensamiento feudal en su conjunto, este punto perjudica especialmente a los estamentos superiores, pues las leyes y los derechos impiden a nobles y eclesiásticos invertir sus fortunas a labores “indignas” de sus deberes, ya sea la inversión económica como la aventura mercantil.

 

Métodos de Producción Medieval. Manufactura y comercio.

En la Edad Media Plena, aparece una nueva figura, potenciada por la existencia de las ciudades: el mercader. El mercader, a diferencia del comerciante, es un individuo que no sólo se beneficia del propio trabajo, sino que hace de intermediario entre distintos puntos de la cadena productiva, ya sea con el transporte de materias primas sino que, en interés de la producción, redistribuye y organiza estas materias primas como parte de la cadena productiva. Muchas familias medievales, especialmente del mundo rural donde la estacionalidad es importante en la actividad económica, reciben partes de materias primas que manufacturan en sus hogares para, luego, redistribuir los productos en determinado estado de manufacturación. Un ejemplo clásico es la lana, que no suele llegar a los talleres textiles en su forma bruta, sino que suele pasar previamente por manos de estos hogares que la transforman en hilo para, luego, mandar este hilo a los talleres para la confección de tejidos a cambio de un pago. Esta tareas complementarias son un aporte muy importante en las necesidades económicas del hogar.

El comercio tiene muchas dificultades. Durante los meses más duros, el mar solía ser intransitable para los navíos medievales, si bien, estos buques van evolucionando rápidamente hacia naves más complejas y de mayor maniobrabilidad. Si bien, en la Europa que hereda las vías romanas, sigue teniendo una red de caminos amplia, la inseguridad y la lentitud, además de los innumerables peajes y tasas encarecen mucho el precio de las mercancías. De ahí que el aumento de los cursos fluviales y los mares como forma principal del transporte de mercancías.

Sistemas Fiduciarios Medievales.

Existen dos tipos de impuestos, los directos y los indirectos. Los directos son los que se pagan directamente a un poder mientras que los indirectos son impuestos gravados sobre actividades o productos, incrementando su precio. Ejemplos de impuestos directos serían: tasas de puerto, peajes de caminos de puentes, de uso de molino, impuestos de vasallaje, diezmos o multas. 

La Hansa.

La Hansa (“gremio” en alemán medieval) es una asociación de ciudades con intereses mercantiles. Estas asociaciones aparecen esencialmente en el norte de Alemania, en cuyas ciudades, la burguesía comercial ha ido haciéndose con el poder y reclamando a los reyes y príncipes exenciones fiscales en asuntos como el uso de puertos. Si bien no es hasta 1241 cuando se produce la alianza entre Lübeck y Hamburgo que daría lugar a la Liga Hanseántica, los gremios nacientes a comienzo de siglo irán creando alianzas y organizándose, especialmente para la explotación de los recursos del báltico.